jueves, 3 de octubre de 2013

¿Qué entendés vos por inteligencia?

¿Cómo eres de inteligente?

Si le pides a un grupo de personas que evalúen su inteligencia en una escala del uno al diez, siendo diez el máximo, podemos decir casi con seguridad que normalmente una o dos personas se califican con diez, habrán unos cuantos 9 y una gran concentración de ochos. La mayor parte se clasificará con un siete o un seis, las respuestas disminuyen a partir de ahí hacia el uno.
Lo interesante es que la mayoría de la gente levanta la mano y se evalúa de acuerdo a la pregunta formulada. No parece que la pregunta les plantee ningún problema y están encantados de posicionarse en algún lugar de la escala. Solo unos pocos la ponen en cuestión. Lo que debería suceder es una respuesta con otra pregunta: ¿Qué entiendes tú por inteligencia? 


    -La opinión general dice que todos nacemos con cierta cantidad fija de inteligencia, como si fuera una particularidad, como tener los ojos verdes o marrones. La inteligencia se manifiesta en ciertas actividades, especialmente en las matemáticas y en la manera de utilizar las palabras. Es posible medir cuánta inteligencia tenemos mediante cuestionarios de lápiz y papel, y expresarlo con dígitos. Ya está.
Esta descripción de la inteligencia es discutible, pero en gran parte de la cultura occidental y buena parte de la oriental, esta descripción aparece en ellas muy latente. Se encuentra en el centro de nuestros sistemas educativos y sostiene buena parte de la multimillonaria industria que se dedica a la preparación y elaboración de exámenes y que vive de la educación pública en todas partes del mundo. Se encuentra en el centro de la noción de habilidad académica, domina los exámenes de acceso a la universidad, sostiene la jerarquía de asignaturas en la educación y representa la base del concepto de Coeficiente Intelectual.

Esta manera de pensar acerca de la inteligencia tiene una larga historia en la cultura occidental y se remonta a los días de los grandes filósofos griegos, Aristóteles y Platón. Su más reciente florecimiento tuvo lugar durante el gran período de adelantos intelectuales de los siglos XVII y XVIII que conocemos como Ilustración. Los filósofos y eruditos aspiraban a establecer las bases del conocimiento humano y a acabar con las supersticiones y mitologías acerca de la existencia humana que creían que habían eclipsado la mente de las generaciones anteriores.
Uno de los pilares de este nuevo movimiento era la firme convicción de la importancia de la lógica y del razonamiento crítico. Los filósofos sostenían que no debíamos aceptar como conocimiento nada que no pudiere probarse mediante el razonamiento lógico, sobre todo con palabras y pruebas matemáticas.

El otro pilar de la Ilustración era la creciente convicción de la importancia de los datos como apoyo a las ideas científicas –pruebas que podían observarse mediante los sentidos humanos- en lugar de la superstición o de las habladurías. Estos dos pilares, la razón y las pruebas, se convirtieron en la base de una revolución intelectual que transformó la perspectiva y los logros del mundo occidental. Condujo al desarrollo del método científico y a una avalancha de conocimientos profundos y de clasificación de ideas, objetos y fenómenos que han incrementado el alcance del conocimiento humano hasta las profundidades de la tierra y los extremos más alejados del universo conocido. También llevo a espectaculares avances en la tecnología práctica, los cuales dieron lugar a la Revolución Industrial y al dominio supremo de estas formas de pensamiento en la erudición, la política, el comercio y la educación.

    -La influencia de la lógica y de las pruebas se extendió más allá de las ciencias duras. Configuraron asimismo las teorías normativas de las ciencias humanas, incluidas la psicología, la sociología, la antropología y la medicina. A medida que la educación pública fue desarrollándose durante los siglos XIX y XX, se basó también en estas recientes ideas predominantes sobre el conocimiento y la inteligencia. Según se extendía la educación a toda la sociedad para cumplir con las crecientes exigencias de la Revolución Industrial, también surgió la necesidad de crear formas rápidas y fáciles de selección y valoración. La nueva ciencia de la psicología estaba disponible, con nuevas teorías acerca de cómo se podía examinar y medir la inteligencia. En la mayoría de los casos, se definió la inteligencia desde el punto de vista del razonamiento verbal y matemático. Estos procesos también se utilizaron para cuantificar los resultados. La idea más significativa en medio de todo esto fue la del coeficiente intelectual (CI).
Así es como acabamos pensando en la verdadera inteligencia en términos propios del análisis lógico: creyendo que las formas racionalistas de pensamiento eran superiores a los sentimientos y a la emoción, y que las ideas que en realidad cuentan son las que pueden comunicarse con palabras o mediante expresiones matemáticas. Además, creímos que podíamos cuantificar la inteligencia y confiar en los tests del coeficiente intelectual o en pruebas estandarizadas, como el SAT, el cual significa Scholastic Aptitude Test, es una prueba de aptitud que se hace en Estados Unidos en el último año de la enseñanza secundaria y que es necesario aprobar para ingresar en la mayoría de las universidades.

    -Alfred Binet fue uno de los creadores del test de coeficiente intelectual. El mismo creador afirmó que la escala que había creado no permitía la medición de la inteligencia porque las características intelectuales no son idénticas y por consiguiente no pueden medirse tal como se mide una superficie.
En 1916, Lewis Terman, de la Universidad de Stanford, publicó una revisión del test del coeficiente intelectual de Binet. Conocido como el “Test Stanford – Binet”, es la base de los tests del coeficiente intelectual modernos. Sin embargo, es interesante resaltar que Terman tenía una visión tristemente radical de las capacidades humanas. 
    -Estas son sus palabras, del libro The Measurement of Intelligence: “Entre los hombres de la clase trabajadora y las criadas, hay miles de ellos que son débiles mentales. Son los siervos que cortan la leña y sacan el agua para casa. Con todo, en lo que concierne a la inteligencia, los tests han dicho la verdad… Por mucha instrucción escolar que reciban, nunca se convertirán en votantes inteligentes ni cualificados, en el verdadero sentido de la palabra”.

Los tests de coeficiente intelectual pueden llegar a ser cuestión de vida o muerte. En algunos estados de Estados Unidos, un criminal que haya cometido un delito capital no está sujeto a la pena de muerte si su coeficiente intelectual está por debajo de setenta.
En fin, ¿que son estos tests?, ¿qué son estos números? ¿Que dicen realmente de nuestra inteligencia?  Los números indican en gran medida la habilidad de una persona para hacer un test de cierto tipo de razonamiento matemático y verbal. Dicho de otro modo, miden cierto tipo de inteligencia, no toda la inteligencia.
Nuestra fascinación por el coeficiente intelectual se deriva de nuestra fascinación y dependencia de los exámenes estandarizados de nuestras escuelas. Los profesores pasan gran parte del año escolar preparando a sus estudiantes para los exámenes estatales que lo determinarán todo, desde la colocación de los alumnos en clase durante el curso siguiente hasta la financiación que recibirá la institución.
El hecho es que nos equivocamos al ver de esa manera a la inteligencia humana, la pregunta está mal planteada, la pregunta adecuada debería ser ¿De qué modo eres inteligente?


¿De qué modo eres inteligente?

La pregunta correcta es ésta. La diferencia con la anterior es abismal. El “cómo” indica que hay una forma limitada de medir la inteligencia y que el valor de la inteligencia de todas las personas se puede reducir a una cifra o a algún tipo de cociente. El “de qué modo” apunta a que hay diferentes maneras de expresar la inteligencia y que ninguna escala puede medirlas.

    -Howard Gardner, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, ha sostenido con gran éxito, que tenemos no una sino múltiples inteligencias. Estas incluyen inteligencia lingüística, musical, matemática, espacial, kinestésica, interpersonal (relaciones con los demás) e intrapersonal (conocimiento y comprensión de uno mismo). Todos tenemos distintos tipos de inteligencia y la educación debería tratarlas por igual para que todos los niños tuviesen la misma oportunidad de desarrollar sus habilidades individuales.
Basta observar la extraordinaria riqueza y complejidad de la cultura humana y sus logros. Formular todo esto en una sola teoría sobre la inteligencia seria muy difícil.
Pensamos el mundo en todos los ámbitos en que lo experimentamos, incluyendo las distintas maneras en que utilizamos nuestros sentidos. Pensamos en sonidos. Pensamos en movimiento. Pensamos visualmente. La diversidad de inteligencias es uno de los fundamentos básicos para entender la verdadera naturaleza  del ser humano, si no aceptas que piensas el mundo de muchas maneras diferentes, estarás limitando inexorablemente tus posibilidades de encontrar a la persona que se supone que tienes que ser.

La inteligencia, además de ser heterogénea y diversa, es dinámica. El cerebro humano es muy interactivo. Cada vez que actuamos usamos múltiples partes del cerebro. De hecho, la utilización dinámica del cerebro da lugar a verdaderos progresos ya que favorece nuevas conexiones entre las cosas.
Walter Isaacson, biógrafo de Albert Einstein escribió que a menudo Einstein recurría al violín en busca de ayuda cuando su trabajo le planteaba algún reto. Solía tocar el violín en la cocina a altas horas de la noche, improvisaba melodías mientras reflexionaba sobre complicados problemas. Entonces, de repente anunciaba entusiasmado: “¡Lo tengo!”
Lo que Einstein parecía entender es que el desarrollo intelectual y la creatividad llegan a través de la comprensión de la naturaleza dinámica de la inteligencia. El crecimiento se produce a través de la analogía: ver cómo se relacionan las cosas en vez de ver solo lo diferentes que pueden llegar a ser. Muchos de los momentos en que las cosas se esclarecen ocurren cuando se han percibido nuevas conexiones entre hechos, ideas y circunstancias.
Entonces, vamos al punto. Saber que la inteligencia es diversa, dinámica y peculiar permite abordar la cuestión de una manera distinta. Cuando eliminas las ideas preconcebidas sobre la inteligencia, puedes empezar a percibir tus diferentes formas de inteligencia porque de pronto comienzas a prestarle atención y a buscar actividades no convencionales.
Abordemos este paradigma permitiéndonos acceder a todas las formas en que se experimenta el mundo y descubrir dónde se encuentran los verdaderos puntos fuertes de cada uno.
Simplemente, no los des por sentado.


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