¿Cómo eres de inteligente?
Si
le pides a un grupo de personas que evalúen su inteligencia en una escala del
uno al diez, siendo diez el máximo, podemos decir casi con seguridad que normalmente
una o dos personas se califican con diez, habrán unos cuantos 9 y una gran
concentración de ochos. La mayor parte se clasificará con un siete o un seis,
las respuestas disminuyen a partir de ahí hacia el uno.
Lo
interesante es que la mayoría de la gente levanta la mano y se evalúa de
acuerdo a la pregunta formulada. No parece que la pregunta les plantee ningún
problema y están encantados de posicionarse en algún lugar de la escala. Solo
unos pocos la ponen en cuestión. Lo que debería suceder es una respuesta con
otra pregunta: ¿Qué entiendes tú por
inteligencia?
-La
opinión general dice que todos nacemos con cierta cantidad fija de
inteligencia, como si fuera una particularidad, como tener los ojos verdes o
marrones. La inteligencia se manifiesta en ciertas actividades, especialmente
en las matemáticas y en la manera de utilizar las palabras. Es posible medir
cuánta inteligencia tenemos mediante cuestionarios de lápiz y papel, y
expresarlo con dígitos. Ya está.
Esta
descripción de la inteligencia es discutible, pero en gran parte de la cultura
occidental y buena parte de la oriental, esta descripción aparece en ellas muy
latente. Se encuentra en el centro de nuestros sistemas educativos y sostiene
buena parte de la multimillonaria industria que se dedica a la preparación y
elaboración de exámenes y que vive de la educación pública en todas partes del
mundo. Se encuentra en el centro de la noción de habilidad académica, domina
los exámenes de acceso a la universidad, sostiene la jerarquía de asignaturas
en la educación y representa la base del concepto de Coeficiente Intelectual.
Esta
manera de pensar acerca de la inteligencia tiene una larga historia en la
cultura occidental y se remonta a los días de los grandes filósofos griegos,
Aristóteles y Platón. Su más reciente florecimiento tuvo lugar durante el gran
período de adelantos intelectuales de los siglos XVII y XVIII que conocemos
como Ilustración. Los filósofos y eruditos aspiraban a establecer las bases del
conocimiento humano y a acabar con las supersticiones y mitologías acerca de la
existencia humana que creían que habían eclipsado la mente de las generaciones
anteriores.
Uno
de los pilares de este nuevo movimiento era la firme convicción de la
importancia de la lógica y del razonamiento crítico. Los filósofos sostenían
que no debíamos aceptar como conocimiento nada que no pudiere probarse mediante
el razonamiento lógico, sobre todo con palabras y pruebas matemáticas.
El
otro pilar de la Ilustración era la creciente convicción de la importancia de
los datos como apoyo a las ideas científicas –pruebas que podían observarse
mediante los sentidos humanos- en lugar de la superstición o de las
habladurías. Estos dos pilares, la razón
y las pruebas, se convirtieron en la base de una revolución intelectual que
transformó la perspectiva y los logros del mundo occidental. Condujo al
desarrollo del método científico y a una avalancha de conocimientos profundos y
de clasificación de ideas, objetos y fenómenos que han incrementado el alcance
del conocimiento humano hasta las profundidades de la tierra y los extremos más
alejados del universo conocido. También llevo a espectaculares avances en la
tecnología práctica, los cuales dieron lugar a la Revolución Industrial y al
dominio supremo de estas formas de pensamiento en la erudición, la política, el
comercio y la educación.
-La
influencia de la lógica y de las pruebas se extendió más allá de las ciencias
duras. Configuraron asimismo las teorías normativas de las ciencias humanas,
incluidas la psicología, la sociología, la antropología y la medicina. A medida
que la educación pública fue desarrollándose durante los siglos XIX y XX, se
basó también en estas recientes ideas predominantes sobre el conocimiento y la
inteligencia. Según se extendía la educación a toda la sociedad para cumplir
con las crecientes exigencias de la Revolución Industrial, también surgió la
necesidad de crear formas rápidas y fáciles de selección y valoración. La nueva
ciencia de la psicología estaba disponible, con nuevas teorías acerca de cómo
se podía examinar y medir la inteligencia. En la mayoría de los casos, se
definió la inteligencia desde el punto de vista del razonamiento verbal y
matemático. Estos procesos también se utilizaron para cuantificar los
resultados. La idea más significativa en medio de todo esto fue la del
coeficiente intelectual (CI).
Así
es como acabamos pensando en la verdadera inteligencia en términos propios del
análisis lógico: creyendo que las formas racionalistas de pensamiento eran
superiores a los sentimientos y a la emoción, y que las ideas que en realidad
cuentan son las que pueden comunicarse con palabras o mediante expresiones
matemáticas. Además, creímos que podíamos cuantificar la inteligencia y confiar
en los tests del coeficiente intelectual o en pruebas estandarizadas, como el
SAT, el cual significa Scholastic Aptitude Test, es una prueba de aptitud que
se hace en Estados Unidos en el último año de la enseñanza secundaria y que es
necesario aprobar para ingresar en la mayoría de las universidades.
-Alfred
Binet fue uno de los creadores del test de coeficiente intelectual. El mismo
creador afirmó que la escala que había creado no permitía la medición de la
inteligencia porque las características intelectuales no son idénticas y por
consiguiente no pueden medirse tal como se mide una superficie.
En
1916, Lewis Terman, de la Universidad de Stanford, publicó una revisión del
test del coeficiente intelectual de Binet. Conocido como el “Test Stanford –
Binet”, es la base de los tests del coeficiente intelectual modernos. Sin
embargo, es interesante resaltar que Terman tenía una visión tristemente
radical de las capacidades humanas.
-Estas son sus palabras, del libro The Measurement of Intelligence: “Entre los hombres de la clase trabajadora y
las criadas, hay miles de ellos que son débiles mentales. Son los siervos que
cortan la leña y sacan el agua para casa. Con todo, en lo que concierne a la
inteligencia, los tests han dicho la verdad… Por mucha instrucción escolar que
reciban, nunca se convertirán en votantes inteligentes ni cualificados, en el
verdadero sentido de la palabra”.
Los
tests de coeficiente intelectual pueden llegar a ser cuestión de vida o muerte.
En algunos estados de Estados Unidos, un criminal que haya cometido un delito
capital no está sujeto a la pena de muerte si su coeficiente intelectual está
por debajo de setenta.
En
fin, ¿que son estos tests?, ¿qué son estos números? ¿Que dicen realmente de
nuestra inteligencia? Los números
indican en gran medida la habilidad de una persona para hacer un test de cierto
tipo de razonamiento matemático y verbal. Dicho de otro modo, miden cierto tipo
de inteligencia, no toda la inteligencia.
Nuestra
fascinación por el coeficiente intelectual se deriva de nuestra fascinación y
dependencia de los exámenes estandarizados de nuestras escuelas. Los profesores
pasan gran parte del año escolar preparando a sus estudiantes para los exámenes
estatales que lo determinarán todo, desde la colocación de los alumnos en clase
durante el curso siguiente hasta la financiación que recibirá la institución.
El
hecho es que nos equivocamos al ver de esa manera a la inteligencia humana, la
pregunta está mal planteada, la pregunta adecuada debería ser ¿De qué modo eres inteligente?
¿De qué modo eres inteligente?
La
pregunta correcta es ésta. La diferencia con la anterior es abismal. El “cómo”
indica que hay una forma limitada de medir la inteligencia y que el valor de la
inteligencia de todas las personas se puede reducir a una cifra o a algún tipo
de cociente. El “de qué modo” apunta a que hay diferentes maneras de expresar
la inteligencia y que ninguna escala puede medirlas.
-Howard
Gardner, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, ha sostenido con
gran éxito, que tenemos no una sino múltiples inteligencias. Estas incluyen
inteligencia lingüística, musical, matemática, espacial, kinestésica,
interpersonal (relaciones con los demás) e intrapersonal (conocimiento y
comprensión de uno mismo). Todos tenemos distintos tipos de inteligencia y la
educación debería tratarlas por igual para que todos los niños tuviesen la
misma oportunidad de desarrollar sus habilidades individuales.
Basta
observar la extraordinaria riqueza y complejidad de la cultura humana y sus
logros. Formular todo esto en una sola teoría sobre la inteligencia seria muy
difícil.
Pensamos
el mundo en todos los ámbitos en que lo experimentamos, incluyendo las
distintas maneras en que utilizamos nuestros sentidos. Pensamos en sonidos.
Pensamos en movimiento. Pensamos visualmente. La diversidad de inteligencias es
uno de los fundamentos básicos para entender la verdadera naturaleza del ser humano, si no aceptas que piensas el
mundo de muchas maneras diferentes, estarás limitando inexorablemente tus
posibilidades de encontrar a la persona que se supone que tienes que ser.
La
inteligencia, además de ser heterogénea y diversa, es dinámica. El cerebro
humano es muy interactivo. Cada vez que actuamos usamos múltiples partes del
cerebro. De hecho, la utilización dinámica del cerebro da lugar a verdaderos
progresos ya que favorece nuevas conexiones entre las cosas.
Walter Isaacson, biógrafo de Albert Einstein escribió que a menudo Einstein recurría al violín en busca de ayuda cuando su trabajo le planteaba algún reto. Solía tocar el violín en la cocina a altas horas de la noche, improvisaba melodías mientras reflexionaba sobre complicados problemas. Entonces, de repente anunciaba entusiasmado: “¡Lo tengo!”
Lo
que Einstein parecía entender es que el desarrollo intelectual y la creatividad
llegan a través de la comprensión de la naturaleza dinámica de la inteligencia. El crecimiento se
produce a través de la analogía: ver cómo se relacionan las cosas en vez de ver solo lo diferentes que
pueden llegar a ser. Muchos de los momentos en que las cosas se esclarecen
ocurren cuando se han percibido nuevas conexiones entre hechos, ideas y
circunstancias.
Entonces,
vamos al punto. Saber que la inteligencia es diversa, dinámica y peculiar
permite abordar la cuestión de una manera distinta. Cuando eliminas las ideas
preconcebidas sobre la inteligencia, puedes empezar a percibir tus diferentes
formas de inteligencia porque de pronto comienzas a prestarle atención y a
buscar actividades no convencionales.
Abordemos
este paradigma permitiéndonos acceder a todas las formas en que se experimenta
el mundo y descubrir dónde se encuentran los verdaderos puntos fuertes de cada
uno.
Simplemente,
no los des por sentado.
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